Presión en el estrecho de Ormuz
Por donde se lo mire, el primer trimestre de 2026 puso de relieve cuán estrechamente interconectados se han vuelto la geopolítica, la seguridad energética y la inversión en infraestructuras. Durante la conferencia sobre los resultados del primer trimestre de 2026 de Baker Hughes, su presidente y director ejecutivo, Lorenzo Simonelli, describió un panorama en el que los mercados energéticos mundiales se enfrentan a una elevada incertidumbre, a un ajuste de los balances y a cambios estructurales que tendrán repercusiones duraderas para el gas natural, el gas natural licuado (GNL) y la infraestructura relacionada con la compresión en todo el mundo.
“El conflicto en Oriente Medio ha presentado una nueva y significativa capa de incertidumbre macroeconómica, a un contexto de demanda mundial que, por lo demás, resulta constructivo”, afirmó Simonelli. Las interrupciones en los corredores energéticos críticos, muy especialmente en el estrecho de Ormuz, han afectado a más del 10% de los volúmenes mundiales de petróleo y han restringido considerablemente los flujos de GNL. El resultado ha sido un fuerte aumento de los precios, una mayor volatilidad y crecientes presiones inflacionistas que podrían obstaculizar el crecimiento económico mundial si el conflicto persiste.
Para los mercados del gas, las consecuencias han sido inmediatas y graves. Simonelli señaló que, en la actualidad, aproximadamente el 20% de la capacidad mundial de GNL se encuentra inoperativa, lo que ha provocado una sensibilidad extrema a los precios en las regiones consumidoras. “Los recientes daños en las infraestructuras de la región y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz han limitado sustancialmente la capacidad del mercado de GNL para responder a la creciente demanda”, declaró, añadiendo que esta dinámica “probablemente derive en un déficit de suministro este año”.
Asia y Europa están sintiendo los efectos. En Asia, el aumento de precio del GNL ha propiciado un cambio en el uso de combustibles, pasando del gas natural al carbón; una medida que ha mitigado parte de la presión alcista adicional sobre los precios del GNL. En Europa, la reposición de las reservas ha comenzado con lentitud, situándose los inventarios en apenas el 30% de su capacidad, muy por debajo tanto de los niveles del año anterior como de los promedios estacionales. Simonelli afirmó que estas condiciones “subrayan los desafíos persistentes y ponen de relieve la importancia de la seguridad energética en los mercados mundiales”.
Desde una perspectiva a más largo plazo, Simonelli hizo hincapié en que el riesgo geopolítico ya no constituye una perturbación temporal, sino una característica estructural de los mercados del gas y petróleo. “Resulta evidente que el riesgo geopolítico se ha convertido en una realidad estructural para los mercados del petróleo y el gas”, aseguró. “Esta evolución conlleva consecuencias significativas para la fiabilidad del suministro y para la seguridad energética mundial”.
Las expectativas de gasto en el sector de exploración y producción reflejan esta incertidumbre. Baker Hughes prevé que la inversión global en el sector upstream para 2026 se sitúe ligeramente por debajo de su pronóstico anterior, impulsada enteramente por una reducción en la actividad en Oriente. Simonelli explicó que esto probablemente se vería compensado en parte por la resiliencia en otras regiones; se espera que tanto Norteamérica como los mercados internacionales fuera de Oriente Medio se mantengan, en términos generales, estables en comparación con el año anterior. El pronóstico asume una resolución del conflicto para mediados de año y la reapertura total del estrecho de Ormuz; no obstante, Simonelli advirtió que “las condiciones geopolíticas siguen siendo fluidas, y el momento exacto, así como la magnitud final de la recuperación en la región, están sujetos a una amplia gama de posibles escenarios”.
A corto plazo, se espera que los productores se centren en optimizar la producción de sus activos existentes. Una vez finalizado el conflicto, Simonelli anticipa un repunte gradual de la actividad en Oriente Medio, impulsado por labores de remediación e intervención destinadas a reactivar los pozos que habían sido cerrados temporalmente. “El ritmo de la actividad en la región estará determinado por la capacidad de los productores para restablecer los flujos de exportación desde la zona”, afirmó.
Más allá de las interrupciones inmediatas, Simonelli describió una serie de tendencias estructurales que están reconfigurando el panorama energético mundial (como, por ejemplo, un renovado e intensificado enfoque en la seguridad energética). “La seguridad energética adquirirá una importancia creciente y recibirá, sin duda, un mayor énfasis, no solo dentro de esa región, sino también a escala global”, señaló. Este cambio está impulsando la diversificación de las fuentes de suministro de petróleo y gas, un aumento de la inversión en infraestructuras y el desarrollo continuo de soluciones con menor huella de carbono, tales como la energía geotérmica, la nuclear y la modernización de las redes eléctricas.
“No se trata únicamente de aumentar el suministro energético, sino de contar con una infraestructura energética robusta y resiliente, así como con una mayor redundancia”, afirmó Simonelli. “Esto implica sistemas más distribuidos, infraestructuras diversificadas y una menor dependencia de activos únicos y de gran escala; tendencias que favorecen la expansión del uso de tecnologías de compresión, turbomaquinaria y soluciones energéticas flexibles a lo largo de toda la cadena de valor del gas”.







